A semana y pico de irme de aquí, las reflexiones cobran más fuerza. Estas últimas semanas las he aprovechado para conocer más la realidad del sitio donde he elegido vivir estos 9 largos meses. Nos hemos ido a ver un rodeo (en este caso, competición cuyos participantes eran adolescentes, pero no exentos de técnica y espíritu, a pesar de no ser profesionales), he visitado una copia del santuario de Stonehedge (monumento, en el caso americano, a los caídos en las distintas y nefastas guerras en las que se ha metido este país), una casa-museo (como un palacete) con piezas de arte de una reina rumana de principios de siglo XX, esculturas de Rodin y, lo más interesante para mí (seré una snob, pero el arte, si ha sido expoliado, y de esto saben mucho por aquí, ya no me llama tanto la atención), restos de lo que formaba parte de las creencias espirituales y de la vida cotidiana de los nativos americanos ( y no "indios", como corregía Thunder Mountain, así me he corregido yo también. Gracias, Thunder, eres todo un personaje que recordaré siempre, tanto por lo bueno como por lo malo). Para llegar a estos lugares he contemplado desérticos paisajes, el rio Columbia, algunos bosques, tierras donde pastan caballos salvajes, y la reserva de nativos americanos más grande de este estado, Washington. Todo un festival para el sentido de la vista, no puedo precisar más, hay que verlo. Prácticamente he visto todo lo que yo quería ver, observar, analizar con mis propios ojos. Me voy con muy buen sabor de boca, y no es para menos.
Ahora toca, como escribía un compañero de viaje, reflexionar sobre todo lo vivido y aprender de ello lo máximo posible, que estas experiencias no se queden atrás. Y seguir hacia adelante.
"In three words I can sum up everything I've learned about life: it goes on" -Robert Frost.
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jueves, 28 de mayo de 2009
martes, 21 de abril de 2009
Pinche, carajo!
Quería subir un vídeo de Youtube, pero no me dejan los señores del blog. Cuando llegué hasta Sunnyside, o lo que es lo mismo, "lado soleado", pensaba en nativos americanos, reservas, y señales de humo. Me equivoqué rotundamente. Debería haber tenido más en cuenta los tamales, los frijoles, las enchiladas, los papalotes, el zacate, manejar mi carro, y todo eso. ¡Qué fallo!
Antes de subir la "lomita" donde está "mi casa", hay un pequeño museo del pueblo, y cerca de la puerta, una estatua de metal del primer habitante de Sunnyside, un holandés sostenido en un gesto del hombre que labra la tierra, una tierra nueva, inexplorada todavía. Por lo visto, fue el único holandés que hubo, porque los mejicanos se asentaron en el pueblo, ellos son la esencia actual del pueblo, de éste y de gran parte de la zona oeste de los Estados.Aquí se habla en español: lengua oficial, inglés. Voy a la gasolinera, a comprar tabaco. La dependienta, mejicana, me pide el DNI. Ve que soy de España, y me pregunta /confirma que en España hablamos español. Sí, le respondo. Pero, ¿hablas en inglés? Si, aquí sí. Pasa la tarjeta de débito y pone un gesto de antipatía, no entiende que una persona que sabe y habla español, que sea española, prefiera hablar inglés cuando no tiene porqué. Desde entonces, cada vez que voy a comprar tabaco me habla sólo en español. Como ha sucedido también con otra gente que he conocido, a la tercera conversación te toman la palabra en castellano, qué le vamos a hacer...
No es que me fastidie el hablar español en un país cuya lengua oficial es el inglés, mi segundo idioma y objeto de estudio y trabajo, pero sí que soy un poco puntillosa respecto a que, al principio al menos, mi interés principal al llegar aquí radicaba en hablar inglés al máximo. Lo conseguí, aunque el uso del español es irremediable, a fin de cuentas. Son pocos los que no saben...español. Son más de lo parece los que no saben inglés. Y a pesar de ello, el uso del español se limita prácticamente a la palabra hablada, y no escrita. He visto faltas de ortografía propias de quien nunca ha escrito en español, ni se ha preocupado por, al menos, hacerlo bien.
El español, casi una sombra clandestina en EEUU. Se le maltrata en muchos casos, a pesar de ser la segunda lengua más hablada en este país. Me refiero a que, lingüísticamente, continuamente se cometen errores garrafales y absurdos en la traducción e interpretación del español, sobre todo a nivel escrito.Porque creo que, aunque se trate de una lengua minoritaria, la gente debería ser más consciente de que es una lengua que, al uso, precisa del estudio de una gramática y unas normas de ortografía imprescindibles, que no se deberían ignorar bajo ningún concepto, provengas de donde provengas.
Ha sido muy enriquecedor conocer nuevas palabras y expresiones típicas del español hablado en Méjico, y de Latinoamérica en general. Para mí, este hecho ha sido uno de los más curiosos de mi estancia en EEUU. Tanto o más que practicar inglés...
Kalifornia II
San Francisco es una ciudad que, al ser visitada después de unas cuantas ciudades californianas, te sorprende por sus aires europeos (y literalmente, por las calles corrían vientos bastante frescos). El primer paseo fue el más impactante, bajamos hacia en centro financiero de la ciudad por una de las arterias principales, Market Street, que gradualmente pasa de pequeñas tiendas a los gigantes comercios, conforme se llega a la zona más enriquecida.
Una plaza, la de las Naciones Unidas, está marcada (literalmente) por las líneas de latitud y longitud que sitúan a la ciudad. Una estatua de Simón Bolívar montado a caballo en cabestrillo da paso a un mercadillo ambulante. En Market street te puedes encontrar con edificios viejos de ladrillo y fachadas con las famosas escaleras de incendios, frente a edificios de oficinas acristalados, ultramodernos.
Y también te cruzas con Powell Street, la calle de los tranvías, donde está su estación. Unos vistosos árboles adornan la calle estrecha.
Después de este paseo, viento en la frente incluido (aunque yo ya me había resfriado en el entonces frío Seattle, no me preocupaba), volvimos a nuestro hostal, en Ellis Street. San Francisco tiene ciertas calles céntricas llenas de gente, generalmente mendigos, homeless y gente de la calle, prostitutas, drogadictos y ladronzuelos de todas las edades. Ruidosos y chillones, la mayoría gente de color. Cerca de Ellis St. hay comedores de beneficencia, donde hacen colas interminables por un cuenco caliente de sopa. Honestamente, cuando íbamos camino al hostal, el hecho de ir con Carlos y Gema me daba mucha más seguridad y tranquilidad, no es buen sitio para paseo de turista.
Y al dia siguiente toca Alcatraz. Fuimos en barco, después de visitar Fisherman's Warf, o lo que es lo mismo, tiendas de souvenirs y caramelos en un promontorio al estilo portuario, con vistas a la bahía.
Alcatraz es un islote, sin más. En medio de todo, que no tiene más q
ue una cárcel atestada de palomas y gaviotas. La cárcel, ya en avanzado estado de descomposición, aún conserva una morgue con olor a muerto, nauseabundo. Todo se dejó como estaba cuando se cerró en 1963. A la entrada, escuchamos a un militar veterano dar una charla introductoria a los visitantes con una fachada al fondo, con pintadas de bienvenida a los nativos americanos a los que les fue concedida la isla después del cierre de Alcatraz.
Las celdas, vacías, rememoran lo tétrico y angustioso de un espacio cerrado, sin más distracción que un camastro, un váter, y dos planchas de metal pequeñas, adosadas con gordos tornillos a la pared, que hacen de silla y mesa, y un pequeño estante. Los altos pasillos, con las ventanas enrejadas, oxidadas y con la pintura medio saltada a cachos, tienen pequeñas mirillas que ofrecen vistas al mar, a la ciudad, a la vida normal.El Chinatown de San Francisco es el más grande de todo el mundo. Allí puedes comer por 2,30 dólares (como nosotros), en un restaurante con aves (sí, eran aves) colgadas en el mostrador. En realidad, parecía más una carnicería con cocina y mesas para los clientes. No comimos mal: arroz frito, pasta con verduras, y pato a la plancha. Luego anduvimos por el barrio, viendo tiendas de produntos orientales y no tan orientales.
En el Golden Gate estuvimos un buen rato también. No es tan largo como parece, se puede andar y desandar en poco tiempo, en un paseo. Como curiosidad, hay teléfonos de emergencias, para aquellos que planeen cosas malas. El cartel dice:
CRISIS COUNSELING
THERE IS HOPE
MAKE THE CALL
"THE CONSEQUENCES OF JUMPING FROM THIS BRIDGE ARE FATAL AND TRAGIC"
Y traduzco: "Terapia de crisis. Hay esperanza. Llama. Las consecuencias de saltar de este puente son fatales y trágicas"
Bueno, la obra arquitectónica en general es impresionante, vista desde cualquier punto.
Luego queda la ciudad en sí misma, sus calles, sus barrios, las cuestas, los parques, las casas, todo un universo propio, un ejercicio arquitectónico que hacen de la ciudad un sitio único en el mundo. Y nosotros, tan agradecidos.
domingo, 19 de abril de 2009
Kalifornia
Todo un sueño. 10 días galopantes a ritmo relajado pero constante, observando, tomando fotos, escuchando, respirando aire hollywoodiense. El alojamiento, hostales de precios juveniles y huéspedes de todas las edades, incluso diría que había un número sospechoso de gente de la tercera edad... Medios de transporte: avión, barco, y pies. Tranvía no, que las cuestas de San Francisco se disfrutan más subiéndolas tu misma, notando que tu nariz casi roza el firme de la calzada con tal inclinación -la de la cuesta y la de tu propio cuerpo... .Pero como las historias normales y corrientes, empezaré por el principio, más o menos. Y el comienzo de todo fue Santa Mónica -para mí sí tiene acento. Soleado, caluroso y húmedo, tiempo de costa en abril. Cerca del hostal, la calle céntrica: un paseo, con bancos, plaza (sí, ¡una plaza! ¡Por fin!), aspirantes a estrellas del pop y del rock y de la farándula general actúan entre los viandantes rodeados de curiosos. Algunos hasta se traen el ampli y se les oye a lo ancho y largo de la calle versionar a clásicos y modernos. Pero lo que más me llama es lo que hay a un lado y al otro de cada acera: Tiendas. Muchas tiendas. Menos mal que todo es demasiado caro y no puedo más que mirar, que es gratis. Allí caminamos por la playa, donde a lo lejos se veía un muelle con parque de atracciones, montaña rusa que, bajo el sol, me suena a aquela "Rollercoaster of Love" de los Red Hot ( y no RHCP como los llaman por aquí...Dios, cómo le gustan los acrónimos a esta gente...), kalifornianos por excelencia. De ahí nos vamos andando andando hasta Venice Beach, y aquí por fin se puede decir que vemos algo "distinto". Por el paseo de la playa circulaban peatones y ciclistas, aunque éstos segundos eran mucho más numerosos, y cada cuál utilizaba un triciclo, unos patines, o lo que fuera; nunca he visto tantos tipos de vehículos a una, dos, tres, cuatro ruedas en mi vida. En Venice, el aire es más templado, acogedor: edificios viejos, pintados de anuncios publicitarios antiguos o de dibujos s
in más, y mucha gente, de todos las edades, razas, colores y atuendos. Al otro lado de los edificios, estaban asentados puestos de mercadillo compuestos por hippies, algunos jóvenes, pero muchos eran mayores, incluso algunos rozando la vejez. Vendían cuadros, que muchos habían sido pintados por ellos mismos, colgantes, pendientes, anillos, todo de bisutería para la mujer, carteras, relojes, lo típico de los mercadillos, más o menos. Al otro lado de la calle, habían Bares. De éstos de terracita y cañas, y música alta. Y hasta los topes de gente. No está mal, ¿no?
Corremos a alcanzar el autobús, la noche está cayendo.
El Paseo de la Fama.
Entramos a una tienda de souvenirs y nos hacemos fotos con Oscars de plástico, para inmortalizar nuestra llegada. Veo que no sólo hay estrellas de actores, sino tambien de cantantes, productores de cine, personajes de dibujos animados, etc. Todo un desfile de glorias del sueño americano. El suelo arde, a pesar del aire medio fresco. Gente disfrazada de Superman, de Jack Sparrow, de Pato Donald se ofrece para hacerse una foto contigo (por 2 o 3 dólares, claro).
Teatro Kodak.
Es mucho más pequeño de lo que parece por la tele. Con todo el barullo de alrededor, podría incluso pasar desapercibido. Nosotros subimos al quinto piso desde donde se puede ver el famoso cartel de Hollywood (míralo, qué hermosura, ¿eh?)
Beverly Hills.
Cochazos, casonas, todo con sufijo aumentativo. Aunque estoy segura de que lo visible en aquella urbanización era sólo la punta del iceberg.
Downtown Los Ángeles:
Una castaña pilonga. ¿Cómo puede ser que, una ciudad tan inmensa como L.A., tengo un centro tan soso e inhóspito? Se salva: la primera casa que se construyó en Los Ángeles, de estilo mejicano, claro. Está situada en una minúscula barriada de estilo mejicano, un par de calles conservadas con su estilo original de mediados del siglo XIX, donde hay un mercadillo de productos mejicanos (originarios de o inspirados en, según se mire).
Esto es lo básico, lo que más me interesa contar (el objetivismo para los periodistas...), el resto está en las fotos. Ahora, avión derechitas a San Francisco. Pero esto se merece otra entrada aparte...
in más, y mucha gente, de todos las edades, razas, colores y atuendos. Al otro lado de los edificios, estaban asentados puestos de mercadillo compuestos por hippies, algunos jóvenes, pero muchos eran mayores, incluso algunos rozando la vejez. Vendían cuadros, que muchos habían sido pintados por ellos mismos, colgantes, pendientes, anillos, todo de bisutería para la mujer, carteras, relojes, lo típico de los mercadillos, más o menos. Al otro lado de la calle, habían Bares. De éstos de terracita y cañas, y música alta. Y hasta los topes de gente. No está mal, ¿no?Corremos a alcanzar el autobús, la noche está cayendo.
El Paseo de la Fama.
Entramos a una tienda de souvenirs y nos hacemos fotos con Oscars de plástico, para inmortalizar nuestra llegada. Veo que no sólo hay estrellas de actores, sino tambien de cantantes, productores de cine, personajes de dibujos animados, etc. Todo un desfile de glorias del sueño americano. El suelo arde, a pesar del aire medio fresco. Gente disfrazada de Superman, de Jack Sparrow, de Pato Donald se ofrece para hacerse una foto contigo (por 2 o 3 dólares, claro).

Teatro Kodak.
Es mucho más pequeño de lo que parece por la tele. Con todo el barullo de alrededor, podría incluso pasar desapercibido. Nosotros subimos al quinto piso desde donde se puede ver el famoso cartel de Hollywood (míralo, qué hermosura, ¿eh?)
Beverly Hills.
Cochazos, casonas, todo con sufijo aumentativo. Aunque estoy segura de que lo visible en aquella urbanización era sólo la punta del iceberg.
Downtown Los Ángeles:
Una castaña pilonga. ¿Cómo puede ser que, una ciudad tan inmensa como L.A., tengo un centro tan soso e inhóspito? Se salva: la primera casa que se construyó en Los Ángeles, de estilo mejicano, claro. Está situada en una minúscula barriada de estilo mejicano, un par de calles conservadas con su estilo original de mediados del siglo XIX, donde hay un mercadillo de productos mejicanos (originarios de o inspirados en, según se mire).
Esto es lo básico, lo que más me interesa contar (el objetivismo para los periodistas...), el resto está en las fotos. Ahora, avión derechitas a San Francisco. Pero esto se merece otra entrada aparte...
viernes, 9 de enero de 2009
This spud's for you! (trip to Idaho and other stories)
En aquella manyana fria de diciembre, un par de grumos de nieve mal colocados, y en dos volantazos terminariamos en la cuneta de aquella autovia que parecia suturar el desierto nevado en dos. El polvo blanco serpenteaba en la calzada como la cola del demonio. Nevaba, pero no mucho, los copillos eran expulsados estoicamente por unos parabrisas enloquecidos. Dentro del coche, el calor me asfixiaba la garganta, cubierta al foulard estampado con coquetos flecos, amarrado a ella cual torniquete. Idaho era (y seguira siendo) un estado frio, lleno de arboles y lagos, famoso por los pescados y las patatas. Nos dirigiamos a Coueur d'Alene, una ciudad pequenya, abarrotada de luces de navidad por aquel entonces, y de pequenos cafes y stores, tiendecillas de regalos cucos y casas senoriales donde se atisbaba un calor chisporroteante y apetecible como un chocolate caliente. Aqui se debe de gastar una barbaridad en electricidad, me digo, asombrada al contemplar tanta luz y tanta chorrada colgante de las terrazas, cocheras, jardines y salas de estar; todas las casas estan iluminadas de espiritu navideno y tanto, que si fuera por cualquier otro motivo acusarian a los vecinos de escandalo publico. Garrotes de piruleta rallados de rojo y blanco, marcando como pilotitos de carretera el pasillo de entrada a los hogares, globos en forma de Papa Noel con luces por dentro a modo de Gusiluces, contoneandose al ritmo del viento glacial , lucecitas color blanco, rojeo, verde y amarillo centelleaban, carteles de Feliz Navidad atestaban los portales y los muebles, abetos atestados de bolas y luces de colores amenazaban con desparramar miles de bolas de colores a la mas minima... Todo lo impregnaba la Navidad, la radio escupia 7 canciones navidenyas de cada 10 que pudiera pinchar en toda una manyana, toda una odisea, sobre todo esto ultimo, el oido nunca se acostumbra a lo que no le gusta, y eso es algo someramente molesto.
Me dolia el estomago y tenia ganas de llegar. La musica ochentera que sonaba en la radio me desconcentraba de mi lectura, lo cual me tenia ya un poco mosqueada, entretanto quedaba como una hora, si la nieve no volcaba el coche como a una tortuga. Pensamientos siniestros aparte, me encontraba estupendamente leyendo a Vargas Llosa, autor a quien descubria en aquel momento. La historia de un interprete enloquecido de amor por una triunfante y tremendamente sobervia mujerzuela a lo largo de decadas, apasionante. Como decia, mis pensamientos siniestros llegaron evocados por la vision de una jargo en la cuneta, con el chasis destrozado y de media vuelta, mirando a los que iban, a nosotros. En ese instante, al mismo tiempo, mi mente evocaba otra tragedia (a veces, cuando ves una te acuerdas de muchas otras, aunque solo sea para comparar unas con otras y preguntarte el porque o el como paso o el que se pudo haber hecho): un chico fue asesinado en Sunnyside a tiros por otro de su misma edad, esto es, 17 anyos. Lo mato a bocajarro, por haberle visto arrojar piedras contra su coche. Dias mas tarde, un profesor de uno de los colegios donde trabajo me comento que era gente de las gangs o bandas, o como en mejicano se conoce, los cholos (curioso saber que, dias mas tarde, conociendo el norte de Oahu en el estado de Hawaii, fuimos un dia a comer a un restaurante de comida mejicana llamado Los Cholos). Pero esto no ha sido lo unico desde que estoy aqui, por desgracia la delincuencia es camufla sigilosa entre alfombras y guanteras de coches para resurgir en el momento mas inesperado, haya techo arriba o cielo desnudo. Le gente convive con ello como yo estoy haciendo ahora sin remedio, y en los colegios la proteccion es, en cantidad y calidad comparable al silencio y la calma aparente.
Me dolia el estomago y tenia ganas de llegar. La musica ochentera que sonaba en la radio me desconcentraba de mi lectura, lo cual me tenia ya un poco mosqueada, entretanto quedaba como una hora, si la nieve no volcaba el coche como a una tortuga. Pensamientos siniestros aparte, me encontraba estupendamente leyendo a Vargas Llosa, autor a quien descubria en aquel momento. La historia de un interprete enloquecido de amor por una triunfante y tremendamente sobervia mujerzuela a lo largo de decadas, apasionante. Como decia, mis pensamientos siniestros llegaron evocados por la vision de una jargo en la cuneta, con el chasis destrozado y de media vuelta, mirando a los que iban, a nosotros. En ese instante, al mismo tiempo, mi mente evocaba otra tragedia (a veces, cuando ves una te acuerdas de muchas otras, aunque solo sea para comparar unas con otras y preguntarte el porque o el como paso o el que se pudo haber hecho): un chico fue asesinado en Sunnyside a tiros por otro de su misma edad, esto es, 17 anyos. Lo mato a bocajarro, por haberle visto arrojar piedras contra su coche. Dias mas tarde, un profesor de uno de los colegios donde trabajo me comento que era gente de las gangs o bandas, o como en mejicano se conoce, los cholos (curioso saber que, dias mas tarde, conociendo el norte de Oahu en el estado de Hawaii, fuimos un dia a comer a un restaurante de comida mejicana llamado Los Cholos). Pero esto no ha sido lo unico desde que estoy aqui, por desgracia la delincuencia es camufla sigilosa entre alfombras y guanteras de coches para resurgir en el momento mas inesperado, haya techo arriba o cielo desnudo. Le gente convive con ello como yo estoy haciendo ahora sin remedio, y en los colegios la proteccion es, en cantidad y calidad comparable al silencio y la calma aparente.
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Halloween

Me han preguntado por la fiesta de Halloween. Y me veo obligada a responder, claro. Todos sabemos en que consiste Halloween mas o menos, no? Pues ni mas ni menos. Desde las 5 o 6 hasta las 9 y algo dando caramelos a crios sosos y poco simpaticos disfrazados de lo que fuera -aunque la tematica dominante era la de fantasmas, esqueletos, personas sangrientas y/o ensangrentadas...- que solo venian a casa y te ponian el cesto para recibir caramelos. Todo el mundo sabe lo que es Halloween no? Para que ni siquiera decir "trato o truco", si la gente esta ya sabe a lo que vengo? -pensaran los ninyos-.
Pues eso, tan directo como insipido. Pero nos echamos unas risas...
Dias antes de la noche de Halloween nos invitaron a una fiesta de cumpleanyos y nos disfrazamos con un par de disfraces prestados. La fiesta era en una sala de reuniones de una de las bibliotecas mas grandes del condado, a unos cuantos kilometros de aqui. Los asistentes era todos miembros de la misma familia, chicanos. Poco antes de llegar la hija pequenya de la chica que nos invito vomito todo lo que llevaba dentro en el coche, y nos apesto a todos. A mi por muy poco me alcanza, pero los reflejos acertaron. Llegamos al sitio y era todo padres y hijos pequenyos, abuelos y abuelas. Comimos pollo con papas y arroz, nachos y tarta de postre. jugaron los ninyos un poco, y luego nos quitamos el disfraz. Yo iba de Reina Amidala, y dentro de la excusa "estoy en una fiesta de Halloween" no podia evitar verme absurda con la cara blanca y el vestido violeta -pero despues de todo era mejor que vestirme de prisionero-. para mi alivio, fue rapida la cosa.
Luego conoci a la madre de Yesenia, viejita encantadora, hija de padre espanyol y madre india. Su abuelito cazaba serpientes en la selva, cuando conocio a su abuela. Dicen que se metia hojas secas de tabaco en los bolsillos y donde pillara para espantar a las serpientes. Era bien bravo, pues ni se amedrento cuando tuvo que enfrentarse y matar a una serpiente de no menos de siete cabezas. Cuando su hijita conocio al espanyol, le preguntaban a este: "pero como te casas con ella guaje, con lo fea que es?" y al espanyol le daba igual, e hizo de la india su esposa, y asi vino la viejita al mundo, un mundo pobre llamado Mejico que tuvo que abandonar con sus hijos chiquitos. Se vino con 30 y pico anyos a las tierras gringas, con los brazos fuertes y los suenyos firmes, con la sed del emigrante por una vida digna. Y aqui los crio a todos, partiendose los rinyones de sol a sol, en el campo, recogiendo fruta, haciendo cualquier tarea. Algunos de ellos llegaron a la universidad, entre ellos Yesenia. De 6 hijos, solo ella vive en su mismo pueblo, Sunnyside. El resto esta repartido en otros pueblos de este u otros estados. A los que tiene mas cerca los va a visitar ella misma en su carro. Y a los que no puede, Dios me los bendiga.
Volvimos a casa, y en el viaje de vuelta, Toby (o Tobias, segun se mire) ensayaba muecas terrorificas con su ultima y terrible adquisicion en la fiesta: unos colmillos de plastico.
Pues eso, tan directo como insipido. Pero nos echamos unas risas...
Dias antes de la noche de Halloween nos invitaron a una fiesta de cumpleanyos y nos disfrazamos con un par de disfraces prestados. La fiesta era en una sala de reuniones de una de las bibliotecas mas grandes del condado, a unos cuantos kilometros de aqui. Los asistentes era todos miembros de la misma familia, chicanos. Poco antes de llegar la hija pequenya de la chica que nos invito vomito todo lo que llevaba dentro en el coche, y nos apesto a todos. A mi por muy poco me alcanza, pero los reflejos acertaron. Llegamos al sitio y era todo padres y hijos pequenyos, abuelos y abuelas. Comimos pollo con papas y arroz, nachos y tarta de postre. jugaron los ninyos un poco, y luego nos quitamos el disfraz. Yo iba de Reina Amidala, y dentro de la excusa "estoy en una fiesta de Halloween" no podia evitar verme absurda con la cara blanca y el vestido violeta -pero despues de todo era mejor que vestirme de prisionero-. para mi alivio, fue rapida la cosa.
Luego conoci a la madre de Yesenia, viejita encantadora, hija de padre espanyol y madre india. Su abuelito cazaba serpientes en la selva, cuando conocio a su abuela. Dicen que se metia hojas secas de tabaco en los bolsillos y donde pillara para espantar a las serpientes. Era bien bravo, pues ni se amedrento cuando tuvo que enfrentarse y matar a una serpiente de no menos de siete cabezas. Cuando su hijita conocio al espanyol, le preguntaban a este: "pero como te casas con ella guaje, con lo fea que es?" y al espanyol le daba igual, e hizo de la india su esposa, y asi vino la viejita al mundo, un mundo pobre llamado Mejico que tuvo que abandonar con sus hijos chiquitos. Se vino con 30 y pico anyos a las tierras gringas, con los brazos fuertes y los suenyos firmes, con la sed del emigrante por una vida digna. Y aqui los crio a todos, partiendose los rinyones de sol a sol, en el campo, recogiendo fruta, haciendo cualquier tarea. Algunos de ellos llegaron a la universidad, entre ellos Yesenia. De 6 hijos, solo ella vive en su mismo pueblo, Sunnyside. El resto esta repartido en otros pueblos de este u otros estados. A los que tiene mas cerca los va a visitar ella misma en su carro. Y a los que no puede, Dios me los bendiga.
Volvimos a casa, y en el viaje de vuelta, Toby (o Tobias, segun se mire) ensayaba muecas terrorificas con su ultima y terrible adquisicion en la fiesta: unos colmillos de plastico.
Seattle
Llegamos al centro un sabado por la manyana en el bus interurbano. Cafe de Starbucks. Rufus Wainwright desploma sus manos en un piano por el altavoz de un rincon del cafe. No hay muffins de chocolate, y ya no se que pedir, dice Gema. Yo me pido otra muffin de cereales y frutas del bosque. Ella tropieza con un donuts rebosante de azucar glas. Tomamos de pie los cafes, todas las mesas estan ocupadas por personajes Seattlelianos -porque sean de donde sean, yo ya los etiquete asi-. Minutos mas tarde, dos sujetos empiezan a discutir, hablan en voz mas alta de lo normal y eso, aqui, impresiona. Luego uno de ellos le dice al otro en voz alta y ronca: "Hey, free country" (este es un pais libre). La gente de alrededor les observa un tanto nerviosa, expectante, pero al final los contrincantes se retiran a la calle con sus deliberaciones. Luego todo se queda tranquilo y la gente vuelve a escudrinyar periodicos y revistas.
Salimos de alli y bajamos por Pike Street. A pesar de ser una de las calles mas famosas, no hay demasiada higiene. La desgastacion de los edificios antiguos por la humedad es corrosiva, veo una tiendecilla de articulos para el fumador, como un estanco cayendose a trozos por la suciedad y la atmosfera humidificada. Me asomo, queriendo ver si podia haber algun tipo de cigarros, lo que sea, me da igual, pero baratos. Soy interrumpida a los dos segundos por un tipo que sale todo cabreado de la tienda, y tira con mala leche las monedas del cambio en la puerta de la tienda. Marcha soltando unos cuantos improperios que no alcanzo a escuchar, pero tampoco me apetece. Seguimos direccion el mar -sin playa-.
Pero antes nos topamos con el mercado de la plaza Pike (Pike Place Market). Bueno, mejor dicho, con un cerdo enorme tallado en algo asi como metal. Y si te fijas en lo que pasa al fondo, descubres un gran puesto de pescado como los de verdad, los que se ven en los puertos: pescados enormes envueltos en una manta de hielo, con las branquias enrojecidas por la agonia de pelear su ultima batalla en las redes, la boca abierta, exhalando nada, las escamas purpureas y grisaceas, brillantes a la curiosa mirada de turistas japoneses, americanos y, porque no decirlo, dos espanyolas por lo menos. Mariscos de todo tipo y tamanyos, peceras gigantes con vecinos qe tuvieron mas o menos suerte que los que yacen ahora mordiendo el hielo. Carteles por todas partes, gente que tropieza con gente en la puerta del mercado. De repente, unos jovenes empiezan a canturrear algo, no acierto que cancion sera, pero lo hacen en voz tan alta que al principio no sabes a que viene y asusta. De los cantos pasan a lanzarse pescados unos a otros: uno se lo pasa a otro, y este a otro de mas atras, que lo coloca en el mostrador con el resto. Los turistas aplauden -las dos espanyolas, no- y un hombre decide -no sin la obligada presion de la comitiva- hacerse una foto con un pescado en la mano y a su vera uno de los chicos vociferantes, con el mandil salpicado de sangre y escamas. los dos posan sonrientes, mas el pescatero que el hombre, que sujeta el pescado haciendo una mueca entre asco y fingida satisfaccion, lamentandose quiza de que el cabron de su cunyado gritara y animara a la aficion para que se manchara las manos en pos de sujetar al enorme pez. Dejamos a esta comitiva y nos vamos al mirador, despues de convencerme de que una sudadera, por muy bonita que sea, no merece que se paguen 40 pavos por ella. Los astilleros al fondo a la izquierda, enormes maquinarias cuyos brazos se elevan hasta una altura de 50 metros sobre el mar, edificios al fondo, la bahia. No hay sol ese dia, mala suerte. El salitre nos llena los pulmones, y vamos a ver las otras tiendas del mercado. Hay de todo, ropas de seda, gorros de lana con orejeras, espejos de mano, carteles de peliculas antiguas, jabones, cinturones y carteras de piel, equipamiento de los Seahawks, el equipo de la ciudad -futbol americano, por si alguien se despista-, monederos de Nepal o Guatemala, objetos decorativos para todos los rincones de la casa, anillos, collares, pulseras, de todo. Y caro. Hay hasta una tienda de videntes donde el mismisimo Elvis te lee el futuro. Ahi esta el busto de Elvis, en una especie de cajon acristalado, con su disfraz blanco esperando que le eches la monedita para que se le encienda la luz. No se porque pero me da que el pobre se aburre bastante, por lo menos cuando lo vimos nosotras. Tiradas de cartas en medio de posters art-nouveau, elefantes sagrados y pitonisas enigmaticas. Toda una experiencia de tienda.
Salimos del mercado y vemos el otro mercado, el de la calle. Ahi si que encontre una sudadera a un precio mas razonable, 20 dolares mas impuestos -aqui te dicen el precio y luego te cobran eso mas los impuestos, un enganyo, vamos-. Hay un puesto donde un chico pinta a mano zapatillas Converse. Pero lo que mas me llama es la repentina visita de dos indios nativos a su puesto, uno de ellos de pelo moreno, lacio, brillante, recogido en una trenza finisima que le llega hasta el final de la espalda. La tez morena, rasgos faciales angulosos, duros, nariz afilada. Lleva una cazadora de cuero negra, y un pendiente en la oreja que cuelga una piedrecita de color hueso. Me pregunto si vivira en una reserva, o en la calle, o en algun piso milimetrado de Seattle, o en una casa en los suburbios. En ese momento, me gustaria hacerme pasar por periodista y preguntarle todo sobre su vida y sus antepasados, como vivieron, su forma de pensar y de enfrentarse a la vida con todos sus pros y contras. Pero seguimos con el puesto de al lado, donde hacen figuritas de cristal de colores en combinaciones casi acrobaticas en tan poco espacio.
Es increible la cantidad de indigentes que nos encontramos de camino a una de las torres mas altas del mundo, la Space Needle. Mucha, demasiada gente durmiendo en la calle, viviendo en la calle en una ciudad tan fria y humeda. No se acerca de las medidas de bienestar social del ayuntamiento de Seattle, pero no parece que le den muchas vueltas al asunto.
Llegamos al Space Needle y hacemos cola para subir. Despues de media hora esperando, 40 segundos de subida en el ascensor y alli estamos, en otra dimension, en lo mas alto de lo alto. Nos tomamos un cafe a bordo, y yo llamo a casa, pero no me lo cogen. Salimos fuera, a la especie de balcon, y me da un mareo que me da la sensacion de que soy absorvida por el vacio. Gema va delane rodeando la torre, grabando un video. Yo intento seguirla, intentando no tropezar. La sensacion es desagradable, como si la fuerza gravitatoria tirara de mi hacia afuera. Pero una vez dentro ya nada, normal. Curioso...
Para volver, cogimos el tranvia, cuyos railes van apoyados en una plataforma por encima de las calles o pegada a los edificios altos -rollo futurista-. Pero el viaje fue muy cortito, solo hay dos trayectos de este tipo de tren que pasan por el centro -estoy aun en proceso de documentacion sobre la ciudad-. Fuimos hacia la parada de autobus, donde habiamos llegado temprano en la manyana. La prisa nos hizo coger uno que no hizo sino hacernos llegar hora y media mas tarde de lo previsto al hotel. Pero vimos todos los suburbios de Seattle...
Salimos de alli y bajamos por Pike Street. A pesar de ser una de las calles mas famosas, no hay demasiada higiene. La desgastacion de los edificios antiguos por la humedad es corrosiva, veo una tiendecilla de articulos para el fumador, como un estanco cayendose a trozos por la suciedad y la atmosfera humidificada. Me asomo, queriendo ver si podia haber algun tipo de cigarros, lo que sea, me da igual, pero baratos. Soy interrumpida a los dos segundos por un tipo que sale todo cabreado de la tienda, y tira con mala leche las monedas del cambio en la puerta de la tienda. Marcha soltando unos cuantos improperios que no alcanzo a escuchar, pero tampoco me apetece. Seguimos direccion el mar -sin playa-.
Pero antes nos topamos con el mercado de la plaza Pike (Pike Place Market). Bueno, mejor dicho, con un cerdo enorme tallado en algo asi como metal. Y si te fijas en lo que pasa al fondo, descubres un gran puesto de pescado como los de verdad, los que se ven en los puertos: pescados enormes envueltos en una manta de hielo, con las branquias enrojecidas por la agonia de pelear su ultima batalla en las redes, la boca abierta, exhalando nada, las escamas purpureas y grisaceas, brillantes a la curiosa mirada de turistas japoneses, americanos y, porque no decirlo, dos espanyolas por lo menos. Mariscos de todo tipo y tamanyos, peceras gigantes con vecinos qe tuvieron mas o menos suerte que los que yacen ahora mordiendo el hielo. Carteles por todas partes, gente que tropieza con gente en la puerta del mercado. De repente, unos jovenes empiezan a canturrear algo, no acierto que cancion sera, pero lo hacen en voz tan alta que al principio no sabes a que viene y asusta. De los cantos pasan a lanzarse pescados unos a otros: uno se lo pasa a otro, y este a otro de mas atras, que lo coloca en el mostrador con el resto. Los turistas aplauden -las dos espanyolas, no- y un hombre decide -no sin la obligada presion de la comitiva- hacerse una foto con un pescado en la mano y a su vera uno de los chicos vociferantes, con el mandil salpicado de sangre y escamas. los dos posan sonrientes, mas el pescatero que el hombre, que sujeta el pescado haciendo una mueca entre asco y fingida satisfaccion, lamentandose quiza de que el cabron de su cunyado gritara y animara a la aficion para que se manchara las manos en pos de sujetar al enorme pez. Dejamos a esta comitiva y nos vamos al mirador, despues de convencerme de que una sudadera, por muy bonita que sea, no merece que se paguen 40 pavos por ella. Los astilleros al fondo a la izquierda, enormes maquinarias cuyos brazos se elevan hasta una altura de 50 metros sobre el mar, edificios al fondo, la bahia. No hay sol ese dia, mala suerte. El salitre nos llena los pulmones, y vamos a ver las otras tiendas del mercado. Hay de todo, ropas de seda, gorros de lana con orejeras, espejos de mano, carteles de peliculas antiguas, jabones, cinturones y carteras de piel, equipamiento de los Seahawks, el equipo de la ciudad -futbol americano, por si alguien se despista-, monederos de Nepal o Guatemala, objetos decorativos para todos los rincones de la casa, anillos, collares, pulseras, de todo. Y caro. Hay hasta una tienda de videntes donde el mismisimo Elvis te lee el futuro. Ahi esta el busto de Elvis, en una especie de cajon acristalado, con su disfraz blanco esperando que le eches la monedita para que se le encienda la luz. No se porque pero me da que el pobre se aburre bastante, por lo menos cuando lo vimos nosotras. Tiradas de cartas en medio de posters art-nouveau, elefantes sagrados y pitonisas enigmaticas. Toda una experiencia de tienda.
Salimos del mercado y vemos el otro mercado, el de la calle. Ahi si que encontre una sudadera a un precio mas razonable, 20 dolares mas impuestos -aqui te dicen el precio y luego te cobran eso mas los impuestos, un enganyo, vamos-. Hay un puesto donde un chico pinta a mano zapatillas Converse. Pero lo que mas me llama es la repentina visita de dos indios nativos a su puesto, uno de ellos de pelo moreno, lacio, brillante, recogido en una trenza finisima que le llega hasta el final de la espalda. La tez morena, rasgos faciales angulosos, duros, nariz afilada. Lleva una cazadora de cuero negra, y un pendiente en la oreja que cuelga una piedrecita de color hueso. Me pregunto si vivira en una reserva, o en la calle, o en algun piso milimetrado de Seattle, o en una casa en los suburbios. En ese momento, me gustaria hacerme pasar por periodista y preguntarle todo sobre su vida y sus antepasados, como vivieron, su forma de pensar y de enfrentarse a la vida con todos sus pros y contras. Pero seguimos con el puesto de al lado, donde hacen figuritas de cristal de colores en combinaciones casi acrobaticas en tan poco espacio.
Es increible la cantidad de indigentes que nos encontramos de camino a una de las torres mas altas del mundo, la Space Needle. Mucha, demasiada gente durmiendo en la calle, viviendo en la calle en una ciudad tan fria y humeda. No se acerca de las medidas de bienestar social del ayuntamiento de Seattle, pero no parece que le den muchas vueltas al asunto.
Llegamos al Space Needle y hacemos cola para subir. Despues de media hora esperando, 40 segundos de subida en el ascensor y alli estamos, en otra dimension, en lo mas alto de lo alto. Nos tomamos un cafe a bordo, y yo llamo a casa, pero no me lo cogen. Salimos fuera, a la especie de balcon, y me da un mareo que me da la sensacion de que soy absorvida por el vacio. Gema va delane rodeando la torre, grabando un video. Yo intento seguirla, intentando no tropezar. La sensacion es desagradable, como si la fuerza gravitatoria tirara de mi hacia afuera. Pero una vez dentro ya nada, normal. Curioso...
Para volver, cogimos el tranvia, cuyos railes van apoyados en una plataforma por encima de las calles o pegada a los edificios altos -rollo futurista-. Pero el viaje fue muy cortito, solo hay dos trayectos de este tipo de tren que pasan por el centro -estoy aun en proceso de documentacion sobre la ciudad-. Fuimos hacia la parada de autobus, donde habiamos llegado temprano en la manyana. La prisa nos hizo coger uno que no hizo sino hacernos llegar hora y media mas tarde de lo previsto al hotel. Pero vimos todos los suburbios de Seattle...
martes, 4 de noviembre de 2008
Voting for kind of change
No he cumplido mi palabra, y lo se, pero de todas formas, el recuento de votos todavia no ha concluido. Sera que no tengo paciencia para escribir en el ordenador de la casa donde vivo. De hecho, lo mas probable es que, cuando publique esta entrada, ya hayan vitores y lamentos por los ganadores y por los perdedores. Porque detras de los jugadores clave hay muchas otras fichas, observo. Cartelitos fijados al suelo con alambres, como diminutos carteles de publicidad, han sombreado jardines y cunetas, han colgado de ventanas y vallados de granjas. nombre de politicos asoman a ambos lados de la carretera, que a pesar de ser comarcal es de ancha como casi cuatro carriles de los nuestros. Me dirijo al colegio de primaria "Outlook", a unas 5 millas de casa. No sabria decir la distancia exacta, porque nuestra Dodge Dakota con los anyos parece que ya se le ha olvidado contar y lo hace a trompicones, amen de la gasolina que nos cuesta reponerle cada semana... Las distancias son largas, pero no demasiado. Son las 3.15 de la tarde, y la sensacion es de las 5 o las 6. Acelero al entrar en la Highway o carretera principal, evitando asi que el carro de detras me absorba, he quitado ya la calefaccion. Paso por las vaquerizas y el olor intenso a estiercol y leche agria, despues llegan los campos de maiz amarillo desgastado, hojas a punto de desplomar el peso de todo el anyo en el aire y en la tierra, deseando descansar al invierno. Campos de cereal todavia verdes, arboles de hojas de todos los colores naturales, rojizos, castanyos, verdes, amarillos, tonalidades acordes en si mismas. Paso por un par de iglesias en medio del campo, no te haces una idea de las que hay en el pueblo de 15.000 habitantes. Luteranas, presbiterianas, evangelicas, catolicas, templos masonicos, judios, templos y mas templos. Todavia no las he contado -y no lo voy a hacer, que no se flipe nadie- pero diria que hay mas iglesias que gente. Mi impresion es que las iglesias son como centros de reuniones sociales y familiares cuyo objetivo es, pues lo tipico, rendir culto a sus creencias en ese o aquel dios. Y de paso, y esto no me lo invento, marujear sobre el vecindario, hablar del casino, de las fiestas, de los acontecimientos varios. A la iglesia que he ido yo -en pos de mi coordinadora, super creyente- van 90 por ciento abuelillos, y se los ve a todos contentos, es divertido. Luego hay un par de jovenes, super frikis y motivados de dios -raros, raros. Todos ayudan a preparar cenas, actividades, incluso mercadillos de segunda mano con todo tipo de chismes llenos de polvo. Ellos son la iglesia, ellos la mantienen y la pagan, el cura solo esta para bendecir y llevar la ropa negra y el maxi crucifijo.
Todo esto de la religion es curioso para mi porque, a decir verdad, nunca entendi la religion desde tantos puntos de vista....
El tema de la fe, la fe en si misma, no importa en que, tiene muchisima importancia. Y no solo me refiero a la fe en dios, sino a la fe en el trabajo, en la familia, en la superacion personal, en actitudes positivas, etc. etc. Pero ya hablare mas adelante sobre este tema.
Todo esto de la religion es curioso para mi porque, a decir verdad, nunca entendi la religion desde tantos puntos de vista....
El tema de la fe, la fe en si misma, no importa en que, tiene muchisima importancia. Y no solo me refiero a la fe en dios, sino a la fe en el trabajo, en la familia, en la superacion personal, en actitudes positivas, etc. etc. Pero ya hablare mas adelante sobre este tema.
domingo, 19 de octubre de 2008
Despues de dos semanas....
Despues de dos semanas dia aqui dia alla, mas o menos estoy adaptada. Quedan dos obstaculos: las comidas y los viajes. Las primeras creo que son insalvables, la dieta es muy diferente aqui. Restaurantes mejicanos, de gourmet, de marisco, de hamburguesas... nada comparable a como se come en casa, pero bueno, con unos sandwiches y fruta variada nos hemos estado conformando, entre salto y salto. Todo esta aderezado con alguna salsa rara de ingredientes innombrables que, a pesar de todo, cala en el paladar. Llevo dos semanas pensando en cuando me pondre a hacer ejercicio diario y regular, como en el ya pasado verano, pero pronto lo tendre resuelto. Es cierto que aqui con el invierno, bajan las temperaturas y suben las calorias, ambas estrepitosamente, y dudo que si me dejara llevar por estas corrientes mis pantalones lo resistan con fiereza. Es por eso que hay que andar con cuidado, alla donde vas. Hay que andar con cuidado en las carreteras, controlando que la Dodge de chapa sin pintura en el cap'o no sobrepase las 20 millas por hora en Lincoln Street, la calle de los ninhos, de los colegios. Hay que andar con cuidado en los colegios, donde los curriculums tienen una importancia soberana, ya que en ellos priman la obediencia, los valores morales f'erreos de la America multicultural, y la diversion ajustada al respeto y la tolerancia. Carteles de "zona libre de armas, tabaco y drogas" en cada puerta lo avalan. Por lo menos se tiene libertad de pensamiento politico y cada cual hace sus apuestas como si los politicos fueran equipos de futbol (Obama se lleva la palma, por cierto).
Y asi es un poquito de Sunnyside, ire contando mas. Antes de las elecciones, espero :)
Y asi es un poquito de Sunnyside, ire contando mas. Antes de las elecciones, espero :)
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